Hay momentos de nuestra vida que aunque fueron divertidos y para la historia, olvidamos por años y recordarlos nos llenan de risas y alegría y lo mejor es encontrarnos con algunas de las protagonistas de esos momentos.
Hace aproximadamente un mes nos reencontramos con las amigas y compañeras de los últimos años de la secundaria. Volvernos a ver y escuchar expresiones como ¡estás igualita! después de 35 años, fue gracioso y ¡Uy¡ que maravilla que hoy con 52 años me vea como de 17.

Empezamos una a una a contar y recordar cada anécdota y llego el turno de Karen Heredia con quien hacíamos coreografías y montajes musicales de los grupos del momento “Menudo”, imagínense nosotras hace 37 años
moviéndonos y cantando al son de “Súbete a mi moto”… recordarlo fue divertido y más aún si nos vemos igualitas. Karen compartió una experiencia que desde ese momento y hasta el día de hoy llamó mi atención, ella dijo:

“Soñé con que el día de mi matrimonio todo fuera perfecto; la ceremonia, la decoración del salón, la pasarela y sobre todo mi vestido… debía ser como lo soñaba -perfecto-, con un estilo único y con detalles, bordados y perlas que debía conjugar con el camino de la iglesia, la decoración y el vestuario de mis damas de compañía. En el proceso de preparación no me gustaba nada, era lo que yo quería y como lo quería, finalmente era mi sueño dijo Karen, solo me iba a casar una vez y para siempre. Listo, ya estaba todo -PERFECTO- y como lo soñaba. Un día antes del matrimonio, mi esposo salió en el carro para recoger su vestido en la tienda y parqueó fuera de ella, en cuestión de segundos mientras él estaba en su prueba final, unos ladrones abrieron y robaron todo lo que había en el auto incluyendo mi vestido de novia, si, ese por el cual había peleado batallas hasta lograr el diseño, estilo y detalles que yo quería. Estaba a horas de mi matrimonio y sin vestido. Finalmente, cuatro horas antes logré conseguir otro vestido y hoy 20 años después veo mis fotos y realmente luzco linda, ese era el vestido que necesitada y que estaba dispuesto para mí”.

Cuando Karen compartíó su historia y el gran aprendizaje que le dejó este evento para el resto de su vida, dijo: “Después de ese día, en el que disfruté al máximo y olvidé el incidente que ocurrió, entendí que… más vale imperfecto que perfecto, porque cuando nos vamos al detalle afectamos a otros y lo peor, nos detenemos y no avanzamos.

Mientras ella hablaba, pensé “¿cuántas veces nos centramos y empecinamos en alcanzar “la perfección”? Y, hoy me pregunto y te pregunto ¿quién define ese grado máximo de perfección? Cuando todos pensamos tan diferente es seguro que lo que otro considera el grado máximo puede que no sea el mismo que el que yo considero, y seguro que lo que me es perfecto hoy, mañana ya no lo será.

Estudios demuestran que ser perfeccionista es perseguir lo imposible. No te favorece en nada. Es más, seguramente que, debido a ello, se es mucho menos productivo de lo que se podría llegar a ser. El hombre perfecto, la mujer perfecta, el trabajo perfecto, el amigo perfecto, el hijo perfecto, la figura perfecta, la economía perfecta, el viaje perfecto y no sé qué más. Quiero aclarar que para nada apruebo la mediocridad y las cosas a medias, solo que, entramos en ceguera de perfección y nos perdemos tantas cosas que podríamos ver.

Karen finaliza su historia con una hermosa reflexión: “El vestido, la ceremonia, los invitados y la comida eran parte de… con ellos o sin ellos me habría casado, pero mi esposo, el hombre que Dios me había dado para compartir el resto de mi vida, era más importante que esa ingrata “perfección” así como mi mamá, a quién posiblemente ignoré y desprecié en sus valiosos intentos por apoyarme en mi grandioso día”.

Personalmente, me es inevitable recordar lo que dice la biblia: No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. Hoy entiendo que son esos extremos que nos amargan y frustran. Las personas que trabajan buscando la perfección pierden tiempo en tareas que no son relevantes, se enfocan tanto en el final que no disfrutan el camino, ni a quienes los acompañan por el mismo.

¿Qué tanto te impides disfrutar por andar en busca de PERFECCIÓN?

Por: Martha Serna

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