Hace algunos meses, alguien me propuso hacer parte de un equipo de profesionales (servicio voluntario) en una universidad de España como mentora, apoyando y acompañando a emprendedores de varios países del mundo en el proceso de diseñar, lanzar y administrar su nuevo negocio. Inicialmente me rehusé y expuse decenas de argumentos del por qué no estar, y bueno, ahora les estoy contando la historia como mentora y aún estoy apoyando esta gran propuesta. Lo más hermoso fue conocer a Andrés Felipe, un joven paisa de 32 años apasionado por la docencia y el arte, quien se define como un soñador que desea ayudar a la educación colombiana para que los jóvenes y niños aprendan los conocimientos básicos a través del arte. Para muchos la propuesta de Andrés Felipe puede ser muy común, sin embargo,  el ver y escuchar lo que dice, lo que hace y su compromiso diario con esta población, es lo que impregna a cualquiera de valor y ganas de ir detrás de sus sueños. Mientras vivía esta experiencia desde el mes de Mayo de este año, llegó a mí la siguiente historia que quiero compartir contigo:

“Un viejo ermitaño, se refugiaba en la montaña para dedicarse a meditar y orar. A menudo se le veía muy ocupado. Un día alguien le preguntó: “¿Cómo puede tener tanto trabajo si vive en soledad?”. Él contestó: “Tengo varias cosas qué hacer: Entrenar a dos halcones, entrenar a dos águilas, tranquilizar a dos conejos, disciplinar una serpiente, motivar a un asno y domar a un león”. No veo ningún animal por aquí, ¿dónde están?” Le dijo esta persona. El ermitaño le respondió:Estos animales los llevamos todos dentro. Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno o malo, tengo que entrenarlos para que se lancen sobre cosas buenas: Son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan, tengo que entrenarlas para que se pongan al servicio y ayuden sin hacer daño: Son mis manos. Los conejos quieren ir a donde ellos quieran, quieren esquivar las situaciones difíciles, tengo que enseñarles a estar tranquilos, aunque haya sufrimiento, problema o cualquier cosa que no me gusta: Son mis pies. Lo más difícil es vigilar la serpiente, está encerrada en una fuerte jaula, pero ella siempre está lista para atacar, morder y colocar su veneno en cualquiera que esté cerca, por ello tengo que disciplinarla: Es mi lengua. El burro es obstinado, no quiere cumplir con su deber, siempre está cansado y se niega a llevar su carga cada día: Es mi cuerpo. Por último, necesito domar al león, quiere ser el rey, es altivo y siempre quiere ser el primero, es vanidoso, es orgulloso, se cree el mejor: Es mi EGO. Como ve tengo demasiado trabajo por hacer…”

Debo confesar que el primer pensamiento que me llegó al conocer esta historia fue, “a esta historia le falta un pedazo” y rápidamente mi mente hizo una transformación en favor de los emprendedores como Andrés Felipe y de personas que como tú y como yo, estamos todos los días conquistando nuestros sueños y avanzando con pasión y fe creyendo que lo vamos a lograr. Es por esto que quiero compartirte la continuación de la historia.

El diccionario define al emprendedor como “una persona que determina hacer y ejecutar, con resolución y empeño, alguna operación considerable y ardua”. Partiendo de esta definición, te invito a conectarte y hacer parte de ti esta continuación, claro está, si eres un soñador y una persona determinada a hacer y ejecutar con resolución y empeño tu vida.

“…Pasaron los días y no era mucho lo que sucedía con cada uno de los animales y sentía que envejecía, pero no crecía y después de orar y meditar por largo tiempo, un día tome la decisión de pasar del viejo ermitaño al sabio ermitaño. Entendí que el cuerpo envejece y es algo que nadie puede controlar, pero crecer como persona era mi elección y así lo hice. Ahora, he decidido alimentar y fortalecer estos animales que llevamos todos dentro, de modo que puedan ver la nueva versión que está en crecimiento. Comentó el ermitaño. Mis ojos, los dos halcones, aun se fijan en toda oportunidad que se les presenta, buena o mala, solo que ahora están entrenados para ser selectivos y escoger siempre lo mejor. Mis manos, las dos águilas con sus garras, se están entrenando para servir, ayudar y con suavidad brindar mucho amor, además para no ocuparse innecesariamente, prepararse y esperar para recibir lo mejor. Mis pies, los conejos, querían correr locamente sin rumbo y sin medir limites, hoy, han aprendido a estar tranquilos, pausados y dispuestos a avanzar por el camino que los halcones y águilas indiquen. Mi lengua, la serptiente, lo más difícil ha sido vigilarla… su encierro en la fuerte jaula hace que algunas veces esté lista para atacar, morder y colocar su veneno en cualquiera que esté cerca, pero ahora tiene una conexión maravillosa con la mente y el espíritu que le dice, recuerda que de la abundancia del corazón habla la boca. Mi cuerpo, el burro, controla su obstinación, se esfuerza por cumplir con su deber, ahora, se alimenta y ejercita para estar más liviano y dispuesto a caminar o correr según se requiera y por último, mi EGO, el león que aunque consciente y más controlado a veces se despista y quiere ser el rey, es altivo y quiere ser el primero, es vanidoso, es orgulloso, se cree el mejor, por ello le recuerdo, nunca olvides de dónde vienes y de donde Dios te ha sacado. No eres el mejor, no eres el peor, simplemente eres tú. Único e irrepetible. Es por eso que he decidido comprometerme cada día a meditar, orar y fortalecer mi ser para hacer y tener de todo lo que deseo ejercitando los animales que llevo dentro.

Esta es mi versión, ¿Cómo sería la tuya? ¿Cómo estás entrenando, tranquilizando, disciplinando, motivando y domando a los animales que llevas dentro para ser el emprendedor y gran ser que deseas?

Por Martha Serna

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