Recuerdo un cumpleaños en el que me llevaron a jugar paintball a las afueras de Bogotá. Fue un tiempo muy divertido, sin embargo, no podía moverme muy bien por el traje que tenía puesto y esto hacia que mis disparos y esquivadas no fueran los mejores. Además, aunque el traje era de protección, recuerdo mucho que cuando me lo quite y llegué a mi casa de nuevo, tenía tres morados en mis piernas, realmente no me protegió tanto.

¿Alguna vez has sentido que tienes una armadura que aparentemente te protege, pero es un obstaculo y una barrera para otras cosas? La armadura es como ese traje, te impide movilizarte con libertad en el mundo y en tus relaciones, y pareciera que te protege pero al contrario, te lastima más. Te impide SER, avanzar y disfrutar. La armadura es un mecanismo de defensa, muchas veces inconsciente, que usamos para “protegernos”. ¿De qué? Proteger nuestra vulnerabilidad, nuestras más profundas emociones, avanzar sin que nos molesten, tratar de encajar en algún sitio y protegernos de que nadie destruya nuestros sueños. Sin darnos cuenta, se convierte en una barrera que oculta nuestra verdadera esencia y que, en vez de acercarnos, nos aleja de lo que más amamos.

“Ponemos barreras para protegernos de quien creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir”

Esas armaduras que muchas veces adoptamos, simplemente nos muestran como algo irreal y tapan nuestra autenticidad, es así como empezamos a perder nuestra esencia y el toque único con el cual fuimos creados.

“Supongo que ha tenido miedo de estar solo. Durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Durante la mayor parte de su vida, no había escuchado realmente a nadie ni a nada. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, había estado siempre ahí, pero en realidad nunca los había oído. Tampoco había oído a Julieta, cuando ella intentaba decirle como se sentía; especialmente cuando estaba triste. Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en acero, tan sola como él se había sentido en esa lúgubre habitación”. Robert Fisher

Con el tiempo, en vez de protegernos, nos daña. Nos perdemos de lo más valioso, y muchas veces sin darnos cuenta, porque… A todos, alguna armadura nos tiene atrapados, pero tal vez no somos tan conscientes de ello.

Imagínate todos los días realizando tus labores con un traje de soldado que te impide moverte con libertad. ¿Difícil verdad? La armadura es simplemente eso, una armadura, que quita la paz y la felicidad y trae peso e incomodidad.

Cuando tomas consciencia de esa armadura, ya no será tan fácil salir de ella. Es como si llevaras años usando un anillo sin quitártelo, se resulta amoldando a tu cuerpo. Sin embargo, es un proceso que puedes realizar si estás dispuesto a hacerlo. Permíteme preguntarte ¿Qué es eso que intentas mostrar y quién eres tú realmente? ¿Cuál es tu armadura? ¿Cómo serías sin esa armadura? ¿Qué tan consciente eres de ello?

Estar dispuesto a emprender un viaje hacia tu interior, conocerte, amar y abrazar el silencio, tener la voluntad y la osadía para seguir avanzando y soltar lo que ya conoces son las claves para caminar sin el peso de la armadura.

“Solo cuando el estudiante está listo el maestro aparece”, seguramente si estás leyendo esto, estás listo para emprender este viaje… Ingresa AQUÍ

Por Angélica Suárez

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