“No puede haber grandes dificultades donde abunda la buena voluntad”. Niccolo Maquiavelo

Recuerdo que ante una gran necesidad económica, en vista de que era poco lo que sabía hacer siendo muy joven, y enfrentada a la negativa de las empresas a las que acudía para solicitar trabajo, en las que siempre había una excusa para no darme la oportunidad, decidí hacer pasteles para la venta. Nunca en mi vida los había hecho, ni siquiera tenía la fórmula y menos el proceso de preparación; sólo sabía que tenían varios ingredientes que había conocido al probar los de mamá. Estuve muy motivada, segura de que el amor y la entrega serían suficientes para hacerlos y no tuve la precaución de llamar a la experta y preguntarle cómo se hacían. Creía que con mi poco conocimiento y las ganas era suficiente.

Compré los ingredientes, preparé la mezcla, el relleno y listo. Salí al mercado. Llevaba algunas muestras pequeñas para cautivar al cliente. Mi intención era que la prueba, al ser degustada, fuera tan impactante que el cliente no se pudiera resistir a la compra. ¡Fue un horror! Tan pronto degustaban la prueban escupían, creían que era una broma de parte mía. Fue terrible. Después de varios intentos con las personas más cercanas me fui a
casa, muy triste, me sentía fracasada. Nadie me daba trabajo y además como cocinera era lo peor. Recuerdo que llegué a casa. Mis padres tenían un perro de raza pastor alemán, me senté con él en el piso del patio y empecé a consentirlo. Estando en eso saqué un pastel y quise que se lo comiera, pero él reaccionó igual o peor que los demás. Mi frustración fue mayor. No podía creer que ni siquiera un perro quisiera comerse mis pasteles.

Superé esta decepción al instante y lo intenté una y otra vez. Que mis pasteles hubieran resultado un desastre fue la motivación para entender que no me debía dar por vencida. Mi pensamiento ya no era de derrota, eso era pasado. Estaba convencida de que si me consideraba capaz realmente lo sería, y fue así como logré hacer un pastel exquisito, tan delicioso que el perro se deleitaba comiéndolo.

Esforzarme por hacer un buen producto no significó que de esta labor dependieran mis ingresos y mi vida, fue sentirme capaz de lograr un sueño y un deseo anhelado, fue sentir que podía superar mis dificultades y que era capaz de hacer lo que me proponía. ¿Se imaginan? ¡Era grandioso! ¡El perro estaba disfrutando mis pasteles!
Deseo aclarar que mi oficio después de esta experiencia no fue hacer y vender pasteles. Nunca lo fue. Esto se convirtió en un pasatiempo. Gracias a Dios mi profesión ha sido una gran bendición.

El problema nunca ha sido ni será el pastel o el perro, sino la manera como las personas asumen el cambio y el reto para salir adelante.

Como psicopedagoga y empresaria, con mi esposo, hemos obtenido los recursos que nos han permitido salir adelante y vivir muy bien. Pero y ¿qué de aquellas personas para las cuales su única opción es preparar y vender pasteles? En la vida estos pasteles pueden verse representados en una profesión, oficio o habilidad. En mi experiencia he conocido personas que toda su vida se han dedicado a las labores del hogar y ante una necesidad les es imposible ubicarse en otra actividad. Pero también he conocido otras que estando en la misma situación han logrado, independientemente de la edad, aprender otro oficio, hacerlo mejor que el anterior y además destacarse.
El problema nunca ha sido ni será el pastel o el perro, sino la manera como las personas asumen el cambio y el reto para salir adelante.

Alguna vez escuché la siguiente afirmación, la cual me gustó muchísimo: Dedíquese con inquebrantable determinación a conseguir sus metas, sin desanimarse por los obstáculos, las críticas o las dificultades. Una motivación e inspiración muy grande deben ser los grandes personajes de la historia. Recordemos que lo intentaron una y otra vez. ¿Por qué no hacerlo nosotros? Estoy totalmente convencida de que si tú estás leyendo este blog es porque tu deseo es superar obstáculos, adquirir conocimiento y alcanzar tus sueños y metas. Pues bien, ¡estás muy cerca! Puede que tu pastel hoy no sea el mejor, pero recuerda, con un poco de esfuerzo mañana lo será.

Dedíquese con inquebrantable determinación a conseguir sus metas, sin desanimarse por los obstáculos, las críticas o las dificultades.

Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse sólo en palabras lleva a la pobreza. Proverbios 14:23

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