Nunca, nunca, nunca había compartido tanto con mi esposo durante estos 34 años de matrimonio. Hoy, al escribir este blog llevamos en el mismo espacio 33 días sin tocar la calle y descubriendo que él sí sabía lavar la loza y muy bien, por cierto.

El primer día ¡Wow! me enamoró su paciencia, sus miradas, su dedicación y su sonrisa cautivadora de… “somos equipo”… en el desayuno, almuerzo y cena. Al final del día, con un beso y un abrazo dijimos ¡Lo logramos!. Cabe aclarar que él es un hombre comercial por lo que siempre desea estar fuera de casa buscando clientes y negocios, un escritorio lo irrita y enloquece y yo soy de acompañar y escuchar personas, por lo tanto, estar en casa no me afecta.

Al tecer día, hermoso, que detalle en su lavado, lava la esponja y la guarda al terminar, limpia el mesón y lo más sorprendente, puede lavar con un mini chorrito para ahorrar agua, solo que se demora mucho más, sin embargo, lo sigue haciendo muy bien. Una mirada que nuevamente dice ¡lo logramos!.

Quinto día, “Oye”, me dijo, ¿por qué hay tanta loza?  “porque cociné frijoles con guiso y arroz”, le respondí. Bueno, ayúdame a solo hacerlo en una olla para no lavar tanto. Quiero confesarles que reí demasiado y le dije, no es posible pues son tres preparaciones diferentes, la verdad no le gusto mi respuesta.

Día siete, observé algo nuevo, está de afán, siento que ya no le gusta mucho lavar la loza y me preguntó si era necesario lavar siempre o era mejor acumular la loza para hacer una sola lavada, le abrí lo ojos y con ello respondí todo.

Día diez, se destapó la olla y a gran presión. No lavó la loza del desayuno y se fue a hablar por teléfono y cuando le dije, “amor no se te olvide lavar la loza”, me respondió que no fuera intensa que antes del almuerzo la lavaría. No se imaginan la ofensa tan grande y el dolor que sentí, ¡INTENSA!, y la escena fue la siguiente: ¿Intensa yo?, me estoy levantando a las 4:40 de la mañana para orar y meditar, estar lista para preparar el desayuno y adelantar el almuerzo porque además de estar en casa haciendo todos los oficios y hacer tres comidas, sacar a la perrita y limpiarla, debo trabajar Y… mucho más. Finalmente él lavó la loza, yo seguí pensando ¿Intensa?

Día trece, subió más la presión, “en serio que eres intensa”, ohhhhhhh no, y empezó la guerra en la que tú me dices y yo te digo lo que pienso, lo que siento, lo que necesito, lo que quiero y espero de ti y… lloré y él respiro y calló.

Día 15, era necesario que la olla estallara y que de ella saliera tooodo lo guardado. Hoy es maravilloso saber que cuando callamos y guardamos corremos el riesgo de perder algo valioso o ignorar algo escondido que podemos descubrir y digo descubrir porque te aseguro que hay cosas de tu pareja, tus hijos y de las personas que tienes a tu lado que NO sabes, no que hayas olvidado, sino que NO sabes. Yo no sabía que mi esposo era tan delicado y detallista en el lavado de la loza y arreglo de la cocina, y hoy me pregunto ¿Qué más hay por descubrir?

Por un tiempo me aislé y pensé en lo que realmente me hacía ver intensa y lo identifiqué, aprendí de mi mamá que la loza se lava inmediatamente se come, y esto está bien, solo que sentía que debía controlar que él lo hiciera bien e inmediatamente, según mi opinión, y además asumí que él deseaba que yo estuviera al lado.

Día 16, tuve que hacer cosas inmediatamente después de comer, él arregló la cocina mejor que los días anteriores y además me dijo, “en que más te puedo ayudar”, inmediatamente me remonté al primer día, ¡Wow!, me enamoró.

Día 17 en adelante, sucedieron dos cosas: Bajó el control, la intensidad, el ego, la autosuficiencia, la dependencia, la ira, la desconfianza y subió la unidad familiar, el diálogo, el trabajo en equipo, la comprensión, la solidaridad, la complicidad, la humildad, la frescura y los acuerdos; y lo mejor, aprendimos a asombrarnos de lo que podemos descubrir en casa.

Así han pasado nuestros 33 días hasta ahora, descubriendo, sorprendiendo, disfrutando, dialogando y llegando a acuerdos. Posiblemente lo que vas a descubrir no es muy grande en tamaño, pero  te aseguro que es profundo y es esa profundidad la que hará que tus relaciones sean más firmes y estables.

Por Martha Serna